El reloj marcaba aproximadamente las 3 de la tarde. Yo dormía plácidamente una pequeña siesta. En eso suena el teléfono de manera aguda, chirriante, desesperante. Me levanto (está en el living) ya caliente, con los ojos entrecerrados y mascullando expresiones de odio para con el teléfono, ANTEL, el que esté llamando y sus malditos motivos. Atiendo. Hubiese preferido que me llamaran de la facultad para decirme que me expulsaban, al menos eso sería importante. Pero no. Del otro lado del tubo, una mujer de unos 40 años y pico, que seguramente se encontraría en un call centre llendo de otras féminas de homónimas características, me comentó de la maravillosa oferta que presentaba la empresa productora de el jabón para lavar Prix (en absoluto me importa nombrarlo; es más, me produce cierto morboso placer vengativo), que consistía en unos 350 ml. gratis del jabón que decidiera y, (¡como si tanta generosidad no fuera posible sobre este mundo!) de regalo, se incluía el nuevo detergente 'Gotitas Azules'.
Hasta ahí todo bien. No es la primera vez que me llaman para hacer telemarketing. La mujer estaba trabajando, y como siempre me dijieron que el trabajo de los demás hay que valorarlo y respetarlo, dejé que siguiera hablando, confirmándole que estaba al otro lado de la línea con monosílabos cada vez que hacía una pausa-efecto para que yo, el pobre mortal, me diera cuenta de qué fabuloso producto me estaba perdiendo.
Sin embargo, cuando le dije muy diplomáticamente, y tratando de ser lo más cortés posible, que no me interesaba, se puso insistente. Demasiado. Me reclacaba las veleidades y ventajas, sobre todo el precio. Pero yo estaba decidido a no dejarme fagocitar por el capitalismo salvajísimo enarnado en aquella mujer, y me mantuve en mis trece. Seguía instiendo. ¿Es que usted carece del órgano senorial de la audición, señora? ¿O no le enseñaron el significado de la palabra 'no'? Para zanjar la cuestión, le dije que no era el que me ocupaba de esa cosas en la casa, lo cual es una verdad a medias, ya que sí me ocupo pero no en casa, sino en el lavadero. Ante mi ingeniosa respuesta, la mujer tuvo el tupé de mandarme a hablar con la presona responsable y conseguir la autorización necesaria para que ella pudiera proceder con transacción comercial. Como tal persona no existía (¡soy solo!), finalmente le dije 'Señora, no estoy interesado', que hubiese sido lo que de entrada le tendría que haber dicho, pero como se trata de ser lo más amable y comprensivo posible, no lo hice. Ante esas palabras mágicas, la mujer, con un tono muchísimo más hosco que el anteior, me respondió con un 'Ah, bueno' cortante y colgó. Y ahí me puse a cantar el Aleluya de Handel. No le guardé rencor, a pesar de que me levantó de la siesta, me hizo perder valiosisímo tiempo, me atosigó, apremió e incluso mandató, y luego me habló secamente, además de hacerme gastar suela, porque estuve 10 minutos parado. Dijera China Zorrila: ¡Pero no hay derecho!
¡Viva Skip, Viva Nevex, Viva Ace, Viva Zorro!
ajjajajaj !!!!
ResponderEliminarpero no hay derecho!! enserio!
besos primo SOLO.
saludos lluviosos desde calpica!! anna