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miércoles, 18 de noviembre de 2009

El retorno, parte uno: "Mi buena amiga Mirta"

Luego de una prolongación de mi estadía en ese sitio macondezco (pero no por ello menos mágico) en donde me crié, el viernes 13 me volví a Montevideo. Bajo la autoridad que me da la experiencia, la superstición sobre el martes 13 de no te cases ni te embarques, también la hago valedera para el viernes 13, y he aquí las razones.
En mi boleto, ticket o pasaje, como gusten denominarlo, figuraba el asiento número 36. Recé para que fuera pasillo. Lo prefiero por dos básicas razones: la primera, cuando vengo de regreso, me bajo en la primera parada, y el estar del lado de la ventanilla significa o despertar a la persona a mi lado para que me deje pasar, en un intento de cortesía y amabilidad digna de un sir de la corte inglesa, y provocar su enojo por ello o bien, por no despertarlo de su dulce y profundo sueño, pasarle por encima, equipaje de mano incluído (que por razones de seguridad no guardo en el portaequipajes), y también provocar su enojo por algún pisotón o alguna otra molestia. La gente es una inconformista bárbara. De todos modos, esta vez iba con suerte, y el 36 era pasillo. El otro asiento iba ya ocupado por una señora de unos 50 y pico o 60 y poco con una de esas almohadillas de viaje ya colocada en su sitio.
A los pocos minutos, llegó el guarda (el mismo que me tocó a la ida, y ya me dice por mi nombre de pila) y mientras inspeccionaba mi boleto, me preguntó dónde bajaba. Le respondí que en Plaza Cuba, excepto si llovía, en cuyo caso lo haría en la Terminal. Me respondió que había hablado con sus compañeros allá y le habían dicho que en ese momento estaba lloviendo. A todo esto, el guarda ya estaba cortándole el boleto a los pasajeros de atrás, cuando la señora a mí lado me dijo que antes de abordar el coche había hablado con su sobrino y le dijo que tal fenómeno atmosférico no se estaba produciendo, a lo que yo respondí que ojalá asi fuera. Ese fue el comienzo del fin.
Esta señora, que en en transcurrso de la conversación me enteré que se llama Mirta (no se si con o sin h) de Méndez, comenzó a hablar, y yo, en un enorme alarde de inocencia e ingenuidad, coadyuvado por un pequeño temor de parecer mal educado o descortés si actuaba en contrario, entusiasta la seguí la corriente. Me contó que iba a cuidar a dos nietos que eran americanos (utilizo este termino, con el cual yo estoy en profundo desacuerdo, si bien esta totalmente enraizado en el continente, ya que los nacidos en EE.UU. son estadounidenses -o malditos yankees si comulgan con la ideología chavista-, mientras que norteamericanos son los nacidos en Canadá, EE.UU. y México, y americanos somos todos los naturales del continente Americano), y que hacía dos años que vivían en Uruguay, ya que sus padres se habían separado, y su madre se había venido con ellos, dejando a su esposo e hijo de Mirta en EE.UU. Hasta acá todo bien; la verdad que me importaba un rábano los propósitos y objetivos del viaje de mi ya a esa altura buena amiga Mirta, pero por razones de cortesía y modales mínimos, le escuchaba y respondía respetuosamente, pensando que cuando apagaran las luces, ambos nos daríamos las buenas noches y nos iríamos al mundo de los sueños, cada uno por su lado, vale la pena aclarar. Sin embargo, mis deseos no se vieron cumplidos, y tal vez de la manera más espantosa y horripilante que pudiera imaginar. Cuando las lueces se vieron arrebatadas de lo que le da sentido, yo comenté que ultimamente no dormía muy bien en los ómnibus, con el siemple propósito de poner en el tapete el tema sueño y que las neuronas de mi amiga Mirta lo relacionaran con lo que debía suceder a continuación. Pero Mirta jugó bien, y me ganó por goleada: asguró que a ella le costaba mucho dormir, y generalmente no dormía nada cuando viajaba. Un shock recorrió me cuerpo y me paralizó por un instante eterno. Estoy en el mismísimo horno, me dije. Por qué demonios no soy afecto a los hipnóticos, para así poder o bien tomarme unos cuantos o ofrecerle a Mirta unos cuantos más y dar por acabada una tertulia nocturna que, como la canción, prometía ir "hasta el amanecer". En ese momento nombres mágicos cruzaban mi mente, como si una esquizofrenia me atacara: Valium, Prozac, Alpax, Rivotril o cualquier otro tipo de benzodiazepina bienhechora. Sin embargo, todo eso estaba lejo de mi alcance, y como no se me ocurría otra cosa, me rendí, y en un acto de heroicismo (queda mal que yo lo diga, pero efectivamente así fue) y de verdadera actitude cristiana, me dispuse a seguir hablando con Mirta, mi gran amiga Mirta, que parecía tener una cotorra especialmente parlanchina e insómnica atorada en alguna parte de la garganta. Me contó de su marido (Vos seguro conocés a mi marido, es Mario Méndez, es albañil; arregló todas las escuelas de Bella Unión, el techo de la escuela 3, todas, todas. Y arreglo el frente de ACE, también. Me olvidé de mirar cómo quedó cuando pasé por ahí; ya deben de haber terminado), de su hijo (Vos debés de conocer a mi hijo, Maximiliano, Maximiliano Méndez, que es cheff y trabaja de profesor en la UTU. Trabaja muchísimo, tiene muchas horas, gracias a Dios. Porque tuvo mucho sacrificio para estudiar. Estudió en el Crandon. A veces el hermano de Estados Unidos le pagaba el alquiler, otras veces nosotros. Porque encontramos un apartamento que le quedaba cerca, y que es de una doctora que trabaja en GREMEDA y como es conocida se lo hizo barato y nos salía 1200 pesos. Y sale a correr todos los mediodías por el parque, porque come mucho, y claro, siendo cheff. ¡No sabes las pizzas que comemos! Los amigos le dicen que está loco, pero el dice que tiene que hacer ejercicio), de su hija (Que se llama igual que mi hija, Sheila; las dos Sheila), de sus nietos (Mariana y Lucas, uno tiene 4 y el otro 6. Le encanta venir a Bella Unión. Me pide que los lleve a la Plaza. Y además cuando están acá pueden hablar con el padre por la computadora. Y Lucas se viste de rapero y le baila al padre. El otro día le digo 'vení para acá, ponete esta remera de tu tío Juan', que le quedaba grande, y bailó para el padre. No sé por qué la madre no los lleva a un cyber a hablar con el padre, si tiene problemas con el es otra cosa), de ella misma (Porque yo vendí empanadas 7 años, todos los días, hasta bajo lluvia. Hacía todo yo, la masa, todo, y salía a vender. Y además tenía todas las cosas en la casa; a veces eran las diez de la noche y yo estaba limpiando pisos), de su sobrina (Yo tengo una sobrina que vive en el Cerro, trabaja en el Vilardebó, es administrativa; capaz que vaya a visitarme ahora, aunque no sé, porque le queda lejos, se tiene que tomar dos ómnibus para Manga), e hizo algunas reflexiones de índole filosófico-religioso-climáticas (Ay, a mi lo uqe más me asusta e la tormenta, el viento, los truenos. En casa no puedo dormir, me levanto y camino. Mario duerme, pero yo no; no puedo. Están pasando todas las cosas que dice la Biblia, de huracanes e inundaciones; es terrible).
¿Ven que no bromeo? Tuve que responder a estas afirmaciones y preguntas, aunque a veces si respondía con un monosílabo o empezaba recién a decir algo, Mirta ya se había contestado y hablaba de otra cosa. En alguna ocasión mentí, para no quedar mal, como cuando le dije que el nombre del hijo me sonaba, y que seguramente lo había oído de algunos amigos que estudiaban en UTU (cosa que jamás sucedió, y sólo tengo un amigo que estudia allí y nunca me hablo de ningún profesor). ¿Pero que podía hacer? Si dos veces me afirmó que debía conocer a los miembros de su, aparentemente renombrada y prestigiosa familia, no quería desencantarla haciendole saber que un pobre y triste mortal como yo no tenía ni la más remota idea de quiénes eran esas personas.
En definitiva, la cosa fue espesa. Sin embargo, pude dormir de a tramos, a pesar de que otro suceso, tal vez peor que este, nos tomó de rehén a todos.
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Continuará...
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P.D.: Este relato fue publicado originalmente en The Calpica Times. Dios mediante, de una manera un poco extraña pude recuperar la entrada íntegra, tal cual la había escrito. Y hay cifradas esperanzas de rescatar las otras. Esperemos que así sea. Disfrútenla y ¡arriba Uruguay, carajo!

2 comentarios:

  1. jajajajaj!!!! queee viaje!. sos muy amoroso vos, yo me muero si me toca alguien que me habla... directamente no miro para el costado, solo.."buenas noches", puedo ser descortés pero negativo fumarme la vida de alguien ... si soy egoísta y todo eso.

    por otra parte, me alegra que hayas recuperado este post y espero logres recuperar todo lo anterior.

    un beso y mucha " merd " para tus parciales !!

    anna

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  2. Fede como continúa esta espeluznante historia de tu viaje??? te falta expirience fedito JAJA!!!!cuando veas un ser sospechoso a tu lado en el norteño cerra los ojos hasta pa darle el boleto al guarda!!!!

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