La lectura de un texto es el medio que utiliza su autor para entablar amistad con su lector

viernes, 23 de abril de 2010

En líneas generales....


Hermoso día en la capital del país o "adentro", en oposición al "afuera" como muchos autóctonos de aquí suelen decir, si es que razonamos con lógica.

Una semana agitada. En lo que refiere a política, el fallo de La Haya, que tuvo lugar el martes 20, nos dio un tirón de orejas pero no cedió a la pretensión argentina de relocalizar UMP (ex Botnia). Los piqueteros (previsible era) no quedaron conformes. Me pregunto cuándo lo estarán... En los próximos días, tendrá lugar la cumbre Mujica-Fernández y allí se tratará el tema del fallo y el corte. ¿Mandará doña Cristina a Gendarmería Nacional para liquidar el corte? Todo un misterio. ¡Vote en nuestra encuesta y vea qué opinan los demás lectores!

Por otro lado, y pasando al ámbito personal, queremos felicitar a una ilustre coterránea, que en el día de hoy está cumpliendo años de existencia en esta Tierra: doña Ma. Clara Rearte. Para ella, nuestra más afectuosa y cordial salutación.

Prosiguiendo, el fin de semana pasado, con el motivo de inaugurar su nuevo apartamento, el primo político Mariano nos convidó a una pizzeada casera (faltaba más). Me pareció una excelente oportunidad para reunirme con otros primos y aspirantes a, por tanto, acepté gustoso. Siendo las 21, arribé al sitio, un imponente edificio de la principal avenida capitalina. Y de entrada nomás, los problema se presentaron.

La elegante entrada (que podía pasar perfectamente como el lobby de un pequeño hotel, sillones y revistas incluídas) tenía una serie de escalones y finalizaba en una puerta de vidrio impecablemente limpio. Subí los escalones y busqué el portero eléctrico. Lo encontré a mi izquierda. Sin haberlo visto aún, confiaba en que no sería más que apretar un botón, que suene una campana e el apartamento solicitado, esa persona presiona otro botón y la puerta, de manera eléctrica, se destraba y abre. ¿Qué más se necesita, no? Pues aquí no era así. Y entré a estudiar, con toda la parsimonia del mundo, el tablero. Consistía en un teclado numérico del 0 al 9 con tres indicadores de luz (uno recuerdo que leía STOP) y dos botones debajo, uno de ellos con una campana dibujada.

De repente, de la nada, escuché una voz que salía de algún lado, baja y entrecortada. Me costó reconocerá. La cacofonía de 18 era impresionante, y la verdad que mis refeljos nunca fueron lo que se dice maravillosos, por lo que me costó enfocar al portero (el humano, no el eléctrico) que desde adentro me hablaba. Una vez ubicado, lo saludé y atentamente escuché sus instrucciones: debía apretar el número del apartamento al que quería ir, pero obviando, en caso de tenerlo, en número 0. Por lo tanto, 301 sería 31. Luego de eso, debía apretar la campanita y esperar. Y esperé. Y esperé un poco más. Sinceramente, no recuerdo si Mariano me habló o no; lo que se es que la puerta se abrió y el potero me hizo una seña para que me acercara a su mesa. Mientras tomaba el tubo del interfono, me preguntó mi nombre. Una verdadera lástima que llevar tarjetas de presentación conmigo; años haciéndola y en la primera oportunidad que se me presenta de entregar una, no llevo; ¡qué mala suerte! Le di mi nombre y me anunció. Como presenció mi inconveniente con el portero siglo XXI, y habrá pensado que tengo algún tinte de oligofrénico, me siguió dando instrucciones de cómo utilizar el ascensor: el de la izquierda es para los pisos impares, el de la derecha, para los pares. O eso me pareció entender a mí. Ahora digo yo, ¿para qué un ascenor que para en los impares y otro en los pares? ¿Cuál es el objetivo? No sé, me huele a curro de OTIS...

Finalmente, llegué al piso indicado sano y salvo. La exquisita velada se extendió hasta la 1 AM, cuando bajé con dos de mis primos y a dos cuadras de allí tomé un vehículo de alquiler lindo (preocupaba especialemente a Alfo la posibilidad de que me tocara en suerte un Passat del '70).

Finalmente, y para rematar, estuvimos con mi tía tratando de bajar una película, el programa para convertir formato, el programa adicional de códecs que requiere el programa para convertir formato y dos programas para desinstalar un programa que se resistía a ser desinstalado.; aún nos falta grabar la película. Ah, el detalle es que estábamos a 640 kilómetros. Ahora entiendo a los operadores técnicos de ANTELDATA.

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