Hoy, estimados, supe cómo se sintió Luis XVI, Nikolai II, Hitler y Salvador Allende. No es mi intención ponerme a la altura de ninguna de estas figura históricas de suma importancia (entiéndase correctamente el concepto anteriormente expuesto, no sea que luego me tachen de imperialista, nazi o socialista), sino que me animo a afirmar que la situación por la que hoy atravesé me proujo sentimientos y sensaciones comparables a las que esos hombres experimentaron en los últimos momentos de su vida, lo cuales, lejos de la paz, fueron bastante moviditos.
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Arribé a la capital del país en la mañana con mi madre, para recibir el nuevo año junto a mi abuela. Y de paso, pasar por las dependencias de la Facultad de Derecho (donde estudio en mis ratos libres) para averiguar si ya estaban los resultados de los examenes que había dado a partir del 8 del presente mes. Temprano salimos. A Luis XVI lo llevó al cadalso un carro; a mí un 128 atestado de gente y manejado por un rollizo chofer casado. Una vez en la Facultad, le pedí a mi madre que esperara afuera, y, poniéndole el pecho a las balas, agarrando el toro por los cuernos y cualquier otro refran o dicho popular que metaforice la valentía necesaria para lidiar con determinada situación que se les ocurra, entré. Siguiendo el consejo de mi progenitora, y en un delirio superticioso y magico-animista (aunque todos los hemos tenido alguna vez), pisé el umbral (que muestra una fachada aseada y presentable, luego de la pintada de hace pocos meses) con el pie derecho. Caminaba parsimoniosamente; no nervioso, tampoco tranquilo. Es más, creo que no estaba yo dentro de mí en esos momentos, ya que prevaleció un automatismo y precisión asombrosas.
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Llegué a la primera cartelera. Aquí estoy. ¡Dispara, cobarde! Y disparó nomás. Pero la bala resultó ser de salva. Y luego de la explosión inicial y el trazo de humillo que le siguió, aprecié que había salvado Evolución de las Instituciones Jurídicas, la materia más importante dado que era previa de todas las del segundo curso, lo que significa que si no la salvaba, no podía proseguir la carrera. 1 a 0, Fedito gana. Para vos y tu tía Gregoria.
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Con igual parsimonia, me despalcé hasta enfrentarme con la próxima cartelera. Derecho Privado 1 me esperaba. Nuevamente, entregué mi mejilla, haciéndole caso al buen Jesús. Pero en vez de recibir una bofetada o un piñazo que me dejara con unas cuantas pieas dentales menos, recibí una suave y cálida caricia: había salvado Privado. Esta materia era la segunda en mayor importancia, ya que además de ser anual (al igual que Evolución), es previa de Privado 2, del segundo curso, y bien sabido es que el Derecho Civil (o también Privado, para estos efectos) es, de alguna forma, el tronco de la Ciencia Jurídica, y en donde se va cuando ya se agotaron todos los recursos en otras áreas. 2 a 0, Fedito la rompe. Ghiggia es un poroto a mi lado.
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Finalmente, me dirigí hacia la tercera y última cartelera que tenía que ver. Ciencia Política esperaba. Me busqué en las listas. No me encontraba, pero no dejé que cundiera el cúnico; las carteleras de bedelía no se caracterizan por su orden y organización adecuada y metódica, precisamente. Al fin, me encontré. Mi dedo anular recorrió desde cierta distancia, acompañando a mis ojos, de izquierda a derecha: vie mi nombre, algun espacio, y luego la columna. Había algo escrito. En ese momento, me sentí Simba cuando Rafiki, en el momento en que aquel iba a tomar posesión de la Roca del Rey, le dijo: Llegó la hora. Mis nervios ópticos sintonizaron y dirigí la mirada hacia la izquierda. Finalmente, lo vi. Aplazado. No me inmuté. Ningún grito desgarrador surgió de mis entrañas. No me bortó ningún instinto asesino, ninguna sed de venganza, ningún odio de crecimiento exponencial. Simplementé me quedé ahí. Lo leí una vez más. Lo anoté en mi mano, junto con los otros dos (siempre tengo esa costumbre, aunque generalmente lo hago en un papel; otro resabio magico-animista). 2 a 1, Facultad, con gol de Maciel por pase de Rodríguez se anotan un pequeño punto.
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En ese momento hay una división interna en mi; pueden representarlo como un Federico de diez centímetros vestido de diablo y otro de igual, pero vestido de ángel.
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La cagaste, perdiste. Sos un mediocre. ¡Mirá que hay que perder la semestral, que se supone la más fácil y pavota de todas! ¡Y todavía con Maciel de profesor!
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Salvaste dos de tres. ¡Es un balance positivo! Ciencia Política era la menos importante de las tres: es semestral, no es previa de ninguna, por lo tanto no te tranca nada y podés darla cuando quieras. ¡Salvaste las más importantes, mira siempre lo bueno!
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¡Mirar lo bueno! Así cualquiera... Hay que poner énfasis en lo malo, en los errores, así no los volves a cometer más, so tonto.
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Lo único que nos permite superarnos es apoyarnos en nuestros logros. Ellos nos darán la fuerza para enmendar nuestros errores. ¡En ellos tenés que poner el énfasis!
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Era tu primer año, tenías todo... ¡Qué debut, Dios... perdón, Diablo! Performace 0. En Bailando por un Sueño te echan a patadas.
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¡Era tu primer año! ¡Primer año! De cinco matrias, salvaste cuatro. ¿Te parece poco? Además, tuviste que adaptarte a un nuevo entorno y a nueva gente.
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¡Callate, sólo decis cosas buenas!
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¡Callate tú! Vete al infierno...
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Y tú vete al Cielo...
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De todos modos, lo importante es saber que obstáculos siempre hay. No hay que temerle a encontrarse con ellos, sino a no poderlos superar. Y eso sólo depende de nuestra voluntad. Demos a las cosas su justa dimensión: no las minimicemos ni las maximcemos. A seguir adelante, pues. Un más que especial gracias enorme a mi mamá, simplemente por todo.
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¡Muy Feliz Año Nuevo!
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