La lectura de un texto es el medio que utiliza su autor para entablar amistad con su lector

sábado, 10 de septiembre de 2011

A recomenzar... pasada la mitad del año

Mi muy estimados e insufridos lectores, les comunico que nuevamente van a tener el dudoso honor de aguantar mis divagues cibernéticos. Luego de un descanso en el que viajé y visité muchos sitios (todos dentro de mi cabeza), regreso como el hijo pródigo a volcar el conocimiento adquirido y las opiniones que me merecen absolutamente todos los temas. Eso es lo genial que tiene Internet; cualquier boludo puede sentarse a escribir lo que se le antoja y compartirlo con media humanidad.
En fin, vayamos al grano. ¿Qué ha sucedido en este tiempo? Muchas cosas: algunas no valen la pena comentarlas, otras no sería prudente... No al menos sin violar un par de derechos y unas cuantas normas morales y usos sociales, cosa que se me antoja exagerada para un primer post, ¿no lo creen así?
Comencemos por hablar de la familia (lo que según mi tía, en una reunión de dos o más, en algún momento sucede invitablemente, de manera semejante a como lo haría la mano invisible de Adam Smith y los clásicos en el mercado) y su actualidad (esto podría parecer inocuo, pero he constadado que en algunos casos es verdaderamente un servicio a la comunidad, casi tanto como los radiotelefonogramas, ya que debido a la gran cantidad de miembros -154 arrojó el último conteo oficial-, las noticias tardan en llegar). En este rubro, entonces, caben destacar los nacimientos de Helena, hija de Naty Domínguez y de su primo, e hijo de Angelina, Ignacio, que se suman a las ya más grandecitas Sara y Martina; finalmente, agregamos el embarazo de tres meses de Virginia, esposa de Ian. A todos ellos, ¡enormes felicitaciones! La gringada crece y crece...
Por otro lado, los embarcados Jancha Rearte y tío Mauricio retornaron sanos y salvos de sus respectivas travesías, pero las tareas que los esperaban en tierras nacionales fueron demasiados acuciantes como para que el equipo periodístico de nuestro medio los entrevistara adecuadamente y pusiera a vustra disposición el resultado, así que para la próxima será.
Finalmente, y para ir cerrando este raconto, damos cuenta de la experiencia que significó para la doctora Magdalena Montero el hecho de viajar en líneas de transporte urbano que al momento de volver a casa, aún es posible oflatear perfumes y colonias en su estado puro en el interior del coche, ya que ahora mudó su residencia a algún sitio de la parte norte del municipio capitalino CH. ¡Nos congratulamos por su buena suerte!
Sin desconectarnos del todo del tema recién tratado, tuvo lugar semanas atrás un meeting para degustar perogi (para el neófito, eso significa ravioles polacos; para el que no lo es, ¡vergüenza debería darte no saber el nombre original de las cosas que comés! ¿o acaso no sabés que los panchos se llaman frankfruters y las Lay's chips?) junto a algunos primos y allegados. Hete aquí que la idea, dado que todos los concurrentes eramos gente jóven y bella, vitales y rebosantes de energía, era reunirnos y participar todos de todo el proceso, desde la elaboración hasta el lavado de utensillos. Y así fue, si bien los hubo más y menos colaboradores (como en todo grupo humano que se precie de normal) , y entre este último grupo, el más laureado fui yo, puesto que me levanté a las 11 hs. y llegué cuando todo se había cocinado (literal). De todos modos, enfoquémonos en el plato principal de la velada. La chef y sous-chef tenían la firme convicción de realizarlos lo más fielmente posible a la receta original, esto es, además de rellenar algunos sólo de ricotta, ponerle dentro un poco de la salsa hecha a base de cebolla y panceta frita (aclaramos para todo aquel que piense que este platillo es una bomba colesteroloica, que efectivamente así lo es, pero en su defensa declaramos que en su origen se comía en un país de temperaturas mucho más bajas que las nuestras, donde la necesidad de carbohidratos para generar energía es mayor -Clari, si estás leyendo esto, no tengo idea de si está bien formulado, pero para la generalidad de las personas, el concepto es entendible-, debido a la clase de labores realizadas; asi que la culpa en definitiva es nuestra por no readecuar el plato a nuestro contexto), y así efectivamente se hizo. Se hirvieron, se sirvieron y se comieron en todas las variantes disponibles. Y gustó a todo el mundo (hubo aplausos)... o eso parecio en un principio. En un ágape posterior (ocasión de la celebración de vigésimo cuarto aniversario del primer llanto en esta vida de nuestro primo Handru), salió el tema (por otro que ahora no viene a cuento) de la perogiada y el 'color' (importancia en lenguaje de tribu urbana) que la familia le daba a la tradición. Y el debate se desató. En una esquina del ring, el harto conocedor y experiente chef Mariano, y en la otra, la prima Èugenia, estudiante avanzada de química y asistente de laboratorio de reacciones en cadena de alta compejidad. En la tribuna, tomando partido por uno u otro, estaba el vulgo, ruidoso e incitador. El chef declaró que los ravioles no le parecían nada de otro mundo y se paraba ante ellos de manera indiferente, sosteniendo que en la familia se le daba más propaganda favorecedora de lo que merecían, sobre todo porque la salsa no debería llevar cebolla, y que un mejor acompañamiento consistiría en una vil carusso; por el otro lado, Maru admitía el componente afectivo y de tradición que pueda tener el mencionado platillo y que se sienta y viva de manera distinta en el seno familiar que a los ojos de un foráneo. Primo Alfo tomó partido por la defensa de los ravioles, agregando que a él le habían gustado desde la primera vez que los probó, y mantenía hasta hoy su juicio. Claris se desayunaba de la verdadera opinión de su fiancé sobre la tradicional comida, mientras que Handru y yo no sabíamos o no contestábamos. En definitiva, fue un interesante contraste de pareceres que en mi opinión se debería hacer extensivo al resto de los que comparten bases marca registrada Pinczak.
Mis amigos, si habéis llegado hasta aquí, os condecoro con la Medalla Calpiquense a el Aguante Extremo y os entrego la Mención "No tenía nada mejor que hacer", para luego darles sinceras gracias y desearles, como la genial Sonia, buenas noches y buena suerte.

1 comentario:

  1. excelentee!!!!! extrañaba tus líneas primo! sabes quien soy, tu siempre fiel lectora

    XXX

    ResponderEliminar